martes, diciembre 22, 2015

Reactivando el blog, quitando un poco de motas y musgo, mirando lo que sirve y lo que definitivamente no va... En fin, alistando el terreno para el TOP (la música en mi vida no para..)




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lunes, abril 06, 2015

Todavía no encuentro una chisga para mudarme a este lugar común

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lunes, febrero 09, 2015

Caprichoso, desfasado y demorado conteo musical. Vol. 3

5. Get the Blessing - Lope and Antilope



El combate  lo he perdido desde el comienzo, ya no puedo afirmar mi  menosprecio interesado para desinteresarme. Simplemente la música ha sonado sin obstáculos y no he podido evitar entrar en mi zona de ingenuidad. Ese debería ser el efecto que nos daría conocer a alguien, chocar con la vida de otros, entrar en un universo diverso, novedoso; sin embargo, la cortesía, las buenas maneras, el tacto y nuestro escudo permanente solo dejan filtrar rostros, títulos u oficios. Menos mal la música no sufre de eso; mientras nosotros nos cuidamos, ella entra vulgarmente al gusto o disgusto. Eso, o algo parecido, acaeció la tarde que me atacó la pandilla de cabezas como dulces.

4. Ty Segall - Manipulator

 
Inevitablemente se nos notan los años en el rostro, en las pausas, en la pérdida de ansiedades y, a veces, en decisiones bien tomadas (aquí iba escribir en los nuevos desatinos y vergüenzas, pero mejor no). También, en que nos vamos convirtiendo en anticuados para otros, para una generación, para todos; como por arte de magia (menos mal) nos empezamos a distanciar de los recién salidos de la adolescencia. Especialmente, se nos ha curtido el oído con canciones de todos los tamaños, sensaciones sonoras que fluyen solitas cuando suena una canción nueva. Sin embargo, la búsqueda no es por la novedad, ella ya casi no importa; sabemos que los formatos se han desgastado, se han vuelto en una característica nada más, ellos son el marco del sonido que simplemente sucede. Así fue fácil deleitarse  con Manipulator, dejar que hiciera su trabajo, durante las docenas de veces que escuché esta joya casi noventera, casi de avanzada, casi rock; casi desterrado porque logré hastearme de tanto darle play. Y sí, era el viejo, con música casi anticuada, el testarudo que se quedaba dormido con el radio a todo volumen mientras soñaba que todo álbum es una eterna repetición de estructuras que se recrean en las hectáreas de la mente. 


3. Emicida - O Glorioso Retorno de Quem Nunca Esteve Aquí

 

El cariño por las cosas nace en cualquier momento, aplica también con las personas, nace de pequeños detalles, de una sensación o una forma o voz, esas que habían pasado desapercibidas. A partir de ese desencadenante se nos ofrecen universos completos con paradojas, barbaridades y maravillas. Allí, los objetos, como en  Tan lejos y tan cerca, se convierten en el pasaje a su naturaleza,  su pensamiento en é. A  veces (como siempre empiezo y continúo) ese espíritu se abre, se expande sin parar. Choca contra todo, dándonos la mejor lección de novedad, la real no artificial, así provenga de un objeto.  De esas cosas son las que me habla al oído  las canciones de Emicida. Sencillo, directo, poético, natural.


2. Band of skulls - Himalayan



Increíblemente la banda suena sosa al vivo, y no es que sean malos músicos o que el álbum sea demasiado producido. No, sucede que es aburrido, solo eso y estalla al vivo como un silencio incómodo entre desconocidos o  la tediosa manera de hacer los deberes no deseados. Sin embargo, el conjunto de canciones destaca como una contundente muestra de la necesaria diversidad a la hora de componer. Nadie es igual un día que el anterior o el siguiente. A esta banda le pasa lo mismo, no es nada del otro mundo, pero el álbum completo es un placer en su conjunto y cada escucha se reedifica. Presenta una energía inusual, de guitarras rítmicas que no son el capricho del oído sino el mecanismo que permite montar las melodías de la voz como  casi hablada. Este fue mi lugar común la mayor parte de los últimos nueve meses. Advierto, que no es del otro mundo, pero me fascinó.

1. Vetusta Morla – La deriva


Hace muchos años no me encontraba con un álbum en español tan contundente, elaborado y con un concepto tan evolucionado en la misma propuesta de la banda. Este no fue solamente el más cantado, escuchado, querido o reflexionado en los últimos tiempos sino que representa una lección personal. Tiene para enseñarnos la posibilidad de seguir creando, reelaborando las atmósferas, seguir rimando y dejando a un lado los lugares comunes. Su propuesta sonora no hace lo fácil, sino que experimenta la posibilidad de armar canciones de otras formas utilizando un mínimo de solos o instrumentos sobredimensionados. La banda se hace presente como un equipo afinado, presto a cumplir el objetivo propuesto, nada de protagonismos o salidas esperadas. La deriva es fundamental para entender cómo se crea el concepto de álbum y sobre todo cómo construir el tema de las canciones. No hay canciones de amor fáciles en su curso, tampoco el deseo de ser directos o la necesidad de hacer algo chicloso; es la oportunidad de expresar el sentido del mundo en nuevas palabras, la salida de los conflictos, la puesta en escena de alternativas al pensamiento. Así, se dejan escuchar  doce canciones que dejan demasiada alta la expectativa para su siguiente trabajo.

Al vivo han cambiado, su anterior gira tenía la misma fuerza, comunicaban la misma novedad pero no sabía que podrían hacerlo mejor. Dos años después se nota el cambio, el ensamble fascinante y el sonido más cuidado. Experiencia sonora que lo deja a uno congraciado con la música rock, con la vida tal como toca, sin atenuantes.  

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miércoles, enero 28, 2015

Caprichoso, desfasado y demorado conteo musical. Vol. 2

10. Dead Combo - A Bunch of Meninos


Uno de los inventos contemporáneos del hombre moderno, industrial tardío, deambulante ilustrado, sensualista desaforado o como quiera llamarlo, es el tener un focalizador perpetuo. Aprendió el truco en el cine y no deja de aplicarlo todos los días, en todos los escenarios; ser parte de este entramado le ayuda a construir su personalidad, es decir su personaje. Como no escapamos de ello, hacemos todo lo posible para lograr la verosimilitud de nuestros días, a los que añadimos bandas sonoras. Frenando mi personaje  de posudo y tozudo  narrador, me dejo ir en el sonido de Dead Combo. Se recomienda escuchar el álbum completo, para añorar los acantilados, el frío invernal y las pocas ganas de ser el ganador en este relato. 


9. Pharrell Williams – Girl



P. Williams tiene algo que me llama mucho la atención. No es su poderío pop o la necesaria publicidad que lo rodea. No es tampoco la forma que mezcla ritmos y construye canciones altamente comerciales que logran instalarse en la cabeza al primer intento. Esas cosas se las reconozco, pero me gustan más sus baches, las canciones que parecen territorio de nadie, que simplemente suenan como cualquier otra sin ser éxitos. Sus lados b, me gustan mucho, esas que no serán parte del recuerdo. Me quedo con un álbum ultra pop, de éxitos seguros y otras canciones deficientes que me suenan muy bien. Y con el plus de la aprobación por parte de M. HDZ.


8. Beck -  Morning Phase


Cada álbum de este señor es una muestra de cómo se logra superar la expectativa y convertirla en novedad. Las posibilidades de repetirse son pocas (realmente exagero, se repite pero de manera necesaria, no como fórmula), porque hay un estilo en perpetua búsqueda, de eso soy fiel testigo. M. Phase  remienda los sentidos luego de escucharlo, los pone expectantes, serenos, de nuevo cobra sentido el observar y oír, entre otras experiencias. De aquí salieron algunas de las mejores canciones que escuché en el 2014. 


7. Paus – Clarão

La escuela musical, la manera que reaccionamos ante los sonidos, las huellas de los géneros o las canciones caspas que reiterativamente seguimos con el pie, la mano o con el pensamiento y la  poca necesidad de montar letras ante la contundencia del sonido. Estos son los ingredientes de esta banda de rock o metal  (depende por donde se le mire), que logra proponer la experiencia del sonido por encima de la construcción de versos o coros. 

6. Systema Solar



El color local o la búsqueda de la experiencia nativa, que en últimas es el rapto de lo cotidiano ajeno, es el mayor robo que se le puede hacer a alguien. Nos pueden robar la billetera, la vida, los libros, los proyectos, la pareja, las ideas o hasta las mascotas; pero que nos roben lo cotidiano, que lo hagan con todo el descaro, es una de las mayores afrentas. Los antropólogos lo hacen como ciencia, los exploradores como experiencia y otros tantos como pulsión ajena. Por eso fabricamos el color local, lo cotidiano (como los argonautas del Pacífico) propio para que sea el dulce del foráneo. Eso pasa con la música de S. Solar, da a cuenta gotas y de forma intencionada parte del sonido, lo dosifican y lo ponen en canciones para oyentes urbanos lejanos. 

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martes, enero 06, 2015

Caprichoso, desfasado y demorado conteo musical. Vol. 1

15 - Jack White Presents The Best Of Third Man Records


Mientras va pasando el tiempo llevando consigo un río de cosas, pesares y alegrías, suenan canciones que forman parte de mi cultura popular (totalmente personal). Este disco gratis contiene olores nuevos, miradas renovadas, kilos de más y la promesa de una leyenda en ciernes: Jack White.  Bajo el gusto de su sonido se construye  esta compilación, mientras yo voy formando un testarudo gusto (como toda filia) por las películas con persecuciones de cualquier tipo y por la cerveza en cualquier apuesta cromática.

14. Stephen Malkmus & The Jicks - Wig Out At Jagbags



Destellos del pasado parecen aparecerle a este álbum, tan noventas como todos nosotros (los dizque adultos contemporáneos). Se deja escuchar y evocar. Suena parecido a una década de cultura mediática manejable con sonidos de alta fidelidad. Hoy es una joya que  trae a la memoria el desequilibrio del mundo, los nuevos caminos, las soledades absolutas y la incertidumbre del pasado. No lo sabemos todo, no acabamos de escuchar los noventas, todavía nos regalan propuestas nostálgicas con la conciencia de que la vanguardia es un estado mental momentáneo, nadie puede vivir con la vista al frente todo el tiempo. 


13. Cymbals - The Age of Fracture




Dominemos un poco los impulsos, dejando de lado la idea de que todo tiene un porqué, y empecemos a planear nuestra ruptura. Iniciaremos con una salida en falso, con sensaciones nuevas y sonidos detestables. Luego, casi al mismo tiempo, empecemos a reparar la fractura. Con algunos parches intentamos hacerla parecido a lo conocido, solo algunas reparaciones, para saber que estamos frente a algo totalmente nuevo. Así suenan los Cymbals, a una buena idea que se arma mientras sucede el álbum. Esa es la tarea humana, reparar las fracturas que nosotros mismos creamos. La mayor acción humana es crear y reparar. 


12. The War on Drugs - Lost in the Dream



Finalmente lo más complicado fue comenzar con una canción de casi 9 minutos. Sin embargo, el resto rueda con facilidad y hace que el álbum empiece con el éxtasis; entonces, se torna en una experiencia única, que nos da cuenta del absoluto. Ese del cual solo podemos tener muestras gratis, en dosis de melancolía, silencios y noches brillantes. Así el sonido de los perdidos en el sueño nos da la mejor muestra del contenido de lo intangible, de lo inaprensible que es el tratar de pensar en algo, en cualquier cosa.


11. Canción Capital



El legado que nos deja http://www.enorbita.tv/ es  un considerable acervo de sonidos, experiencias e imágenes de un país paralelo. En él el amarillismo se mudó a otro lugar y mientras dormimos lo único que pasa es que nos incorporamos a los productivos sueños.

El presupuesto, los recortes, el Estado neoliberal, la falta de plata para la cultura, entre otra multitud de excusas; nos quita la experiencia honesta y no farandulera de vernos en pantalla, por medio de gente que nos representa o que representa lo que no queremos ser. Ahí reside su singularidad, en la diversa oferta cultural presentada. Ella nos trajo compilados musicales, sobresaliendo uno que marcó parte de mis días. El hermoso Jardín Secreto y demás canciones de un álbum diverso. Larga vida a las buenas ideas. 

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lunes, agosto 25, 2014

Mientras fluyen las nubes bajas

Desde mi lado, que algunos técnicamente creemos enaltercerlo al llamarlo perspectiva, tengo la sensación de continuar observando el horizonte cuando hace horas ha caído contundente la noche (esta reiteración que ya ha perdido todo punto poético, me parece bonita, inexacta, contundente, con una bonita sonrisa, con algo de sentido del humor, con una dosis de complejos, con una mirada bonita que se hace cómplice, está hecha de esas cosas que saben rico y no son delicias ni manjares, de diseño práctico, de color rojo, de olor natural sin perfume, de brazos acariciables, de cuerpos que me gustan, de esas que suenan muy bien, de pulpo).  Al parecer el horizonte se ha clavado como imagen de almanaque que se queda en la pared acostumbrada a  ser  más amarillenta o a esconder algún defecto hasta que se olvida totalmente lo que se escondía. Esa obstinada imagen hace que esté un poco atrasado del presente, solo un momento; que es imperceptible para algunos, pero que se hace instante eterno (vale la pena usarlo, suena bien y se ha desgastado como clásico del rock, se ha añejado, sin corromperse o echarse a perder, porque es oxímoron). Desde mi lado puedo verme en el presente inalcanzable por ahora, me veo actuando, siendo y a veces ambas cosas al tiempo. Desde allá me veo y pienso “qué hago en ese instante”, indago por los motivos de mi retraso, me veo un poco más joven y hasta inexperto.  Pero desde aquí continuo viendo el horizonte, ese que vemos pero no vemos,  y no quito la mirada de él, porque no quiero verme en  el “ahora” que todavía me es ajeno, como lo son los zapatos cuando son nuevos.

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martes, agosto 19, 2014

Sin aviso

Como si no hiciera falta el presente,  como si no tuviéramos que vérnosla con el ahora, ponemos en mente imágenes sin tiempo. De esas que son oníricas porque no atienden a  una medida temporal, solo a la asociación incesante de ideas. Aparecen de un momento a otro, son el amigo que vuelve y desaparece de un instante a otro, el comensal que comparte nuestra mesa y no sabemos  si antes del almuerzo ha realizado su peor acto o tiene la satisfacción de algo que lo congració con su humanidad.


Nunca llegan como la lluvia con un frío suave en la cara o con arcadas antes de precipitarse por nuestra boca como el vómito o las injurias. Se hacen presentes como la auténtica sorpresa, no la que se podría presentir, son lo mismo que la inexplicable vez en que nada tuvo sentido. Así acuden, pasan y desaparecen para caernos,  en cualquier otro momento, en gracia o desgracia.  

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