jueves, marzo 26, 2009

La televisón no es como la vida, nosotros no sabemos actuar...

Aunque frívola, enajenadora, falta de sustancia existencial, banal y altamente lubrica, la telenovela es un género de ficción. Secundario o no me importa un bledo. Como buen televidente sigo una novela normalmente. Así como me gusta leer los libros desde la primera página, prefiero ver “todos los capítulos de la novela” (aunque son tan teledirigidos que es imposible no saber para donde va la historia con sólo ver un capítulo, el número no importa, como diría Aira: si pasa lo mismo en todos, con ver uno basta para verlos todos). Y ahora me quejo de la promesa no cumplida en una de las telenovelas, la cual no vale la pena ni ojear.

Se trata de Inversiones ABC (o como sea, da igual), la anécdota gira en torno de las pirámides. El tema es un fracaso por ser prematuro. No se miente cuando afirmamos que aparece en un canal el verdadero estafador y en el otro la ficción, el actor es tan malo que es igualito en la parquedad de gestos y poco carisma de DMG. Cuando los pobres (de la ficción) discuten sobre su platica son igualitos a los pobres (de la realidad) cuando discuten sobre su platica. En la vida real somos tan malos actores, que por eso se inventó el teatro. Son tan torpes las acciones, tan verdaderos los diálogos, que aburren. Las novelas tienen un filtro narrativo que permite la ficción, el resto son imitaciones de eso que tenemos todos los días. Así, que no hay novela, no hay telenovela, no hay divertimento, no hay que ver eso. La plata que perdieron los “inversionistas” enriquece hasta a los de RCN. Todos verán la novela para encontrar respuestas, para buscar esa idea que los calme y diga tranquilo amigo, no pasó nada. Aun no se pude decir eso del tema que no se ha cerrado, todavía hay marchas, todavía hay enfrentamientos; sólo por eso la gente verá la “telenovela” de calidad parecida a Padre e hijos.

Por último, como siempre hay que seguir una telenovela, sigo Regreso a la guaca donde el tratamiento del hecho real hace rato dejó de ser excusa. Las actuaciones son tan buenas que no se parecen a nadie de la realidad (sobre todo Vicky Rueda la presentadora de “Música brasileña en Javeriana Estéreo”), las imágenes atraen y hace llamativa la continuación. Aquí una muestra:

Etiquetas:

lunes, abril 21, 2008

¡Mira qué te tienen amarrao y rezao!

Aún suenan en mi cabeza las oraciones de magia negra, retumban las palabras predecibles de un capo de la mafia. Todavía veo amarillo, el color de la enfermedad; todavía me salpica la sangre de los que dicen la verdad. Se apagan las velas que mantienen lejos a los espíritus, se apaga la luz para que entre la salsa, Cali, Siloe, un hotel que puede ser cualquiera. Se apaga la esperanza de una película que nos haga olvidar la violencia. Cuando se apaga la luz entramos a Perro come Perro. Perdiste amigo, hoy hay traqueto, balas, muerte. ¿Más de lo mismo? ¿Me ofreces nieve, a mí que soy esquimal? Puede ser un logro, una gota más en el vaso de agua; una indolente película. Es una presencia, un temor, buenas actuaciones. ¿Los colores de la fama hace cuánto fue? Un experimento, la vacuna es la misma enfermedad. La entrada del rojo sobre amarrillo mostaza, la música. “Lo mejor de las películas colombianas últimamente es la música” dice mi buena compañía. Pero la música sobre la nada es una pista de baile (Para mí Juanchito, es una discoteca gigante con tres parejas). Recuerdos sepia de Cali, drama en amarillo, la religión popular en buena medida es novedad. Todavía me acuerdo que la luz que se enciende en la sala de cine, también es amarilla.

Etiquetas: